Palabras de bienvenida y apertura Primera Bienal de Egresados de Bellas Artes y Artes Plásticas de la Universidad Industrial de Santander – BEBA 2026
Palabras de bienvenida y apertura
Primera Bienal de Egresados de Bellas Artes y
Artes Plásticas de la Universidad Industrial de Santander – BEBA 2026
Buenas noches.
En nombre del Comité Organizador de la Bienal
de Egresados de Bellas Artes y Artes Plásticas de la Universidad Industrial de
Santander —Marcell Bohórquez, Yadira Polo de Lobato, Milton Afanador y quien
les habla, Rosabel Martínez Pinzón— les damos la más cordial bienvenida y
agradecemos que hoy nos acompañen.
Esta noche comienza a caminar un proyecto que
soñamos durante mucho tiempo.
La BEBA reúne, en su primera edición, a más de
setenta artistas egresados del Programa de Bellas Artes y Artes Plásticas de la
Universidad Industrial de Santander, distribuidos en cinco espacios culturales
de Bucaramanga.
Quiero agradecer, de manera muy especial, a las
instituciones que decidieron abrir sus puertas para hacer posible esta Bienal:
la Universidad Industrial de Santander, el Centro Colombo Americano
Bucaramanga, la Cámara de Comercio de Bucaramanga, el Museo de Bellas Artes de
Bucaramanga – MUBEAR y la Casa del Libro Total.
Gracias por entender que el arte crece cuando
deja de trabajar en solitario y empieza a construir alianzas.
Esta Bienal también propone algo que pocas
veces sucede.
No reúne todas las obras en un mismo lugar.
Invita a recorrer la ciudad.
Cinco instituciones decidieron construir un
mismo proyecto.
Eso significa que las obras circulan.
Y también circulan las personas.
Quizá ese sea uno de los mayores logros de esta
primera edición.
Durante un mes Bucaramanga podrá caminar de
sala en sala, de obra en obra y de conversación en conversación.
Porque los circuitos culturales no solo
fortalecen el arte.
También fortalecen la ciudad.
Gracias igualmente a cada uno de los artistas
que aceptaron esta invitación. Detrás de cada obra hay años de trabajo,
preguntas, búsquedas, dudas, aciertos, equivocaciones… porque el arte también
se construye desde ahí.
Y quisiera detenerme un momento en algo que
considero importante.
Toda bienal implica decisiones.
Y toda decisión deja preguntas.
Esta curaduría, La última tarea, nunca fue
pensada para decir quiénes son los mejores artistas.
Tampoco para repartir certificados de
pertenencia al arte.
No creemos en eso.
La curaduría fue concebida como una
cartografía.
Un termómetro.
Una manera de tomarle el pulso a una comunidad
artística en un momento determinado.
Las cartografías nunca contienen todo el
territorio.
Y, por fortuna, nunca deberían hacerlo.
Seguramente esta noche hay artistas que algunos
esperaban encontrar y no están.
Y también hay artistas que quizá nadie
imaginaba encontrar y hoy nos sorprenden.
Así funciona el arte.
Y así funcionan las bienales.
Hubo propuestas valiosas que no logramos
incorporar.
No porque les faltara calidad, sino porque esta
primera edición tuvo límites muy concretos: el número de salas, los tiempos de
producción y las posibilidades logísticas de un proyecto que apenas comienza.
A quienes hoy no hacen parte de esta edición,
nuestro reconocimiento.
Ojalá las próximas Bienales nos permitan
ampliar este mapa y seguir sumando voces.
Porque el verdadero fracaso de una bienal sería
creer que el arte cabe completo dentro de una sola exposición.
La BEBA tampoco nace de la nada.
Tiene un antecedente muy significativo en la
Primera Exposición de Egresados realizada en 2013.
Aquella experiencia dejó sembrada una pregunta
muy sencilla:
¿Y ahora qué sigue?
Curiosamente, fue un estudiante quien volvió a
poner esa pregunta sobre la mesa y nos recordó que las buenas ideas no deberían
quedarse archivadas.
Hoy estamos aquí respondiéndola.
Y quisiera decir algo más.
Si esta Bienal termina esta noche, habremos
fracasado.
Nuestro deseo es que dentro de dos años alguien
vuelva a convocarnos.
Que dentro de cuatro años otra generación tome
el relevo.
Que dentro de veinte años nadie recuerde quién
organizó la primera edición, porque la BEBA ya haga parte de la vida cultural
de esta ciudad.
Los proyectos importantes dejan de tener dueños
cuando empiezan a tener comunidad.
Confieso que organizar una bienal tiene algo de
insensato.
Uno empieza creyendo que está organizando una
exposición y termina descubriendo que está administrando egos, calendarios,
presupuestos imposibles, llamadas a deshoras y
una cantidad sorprendente de opiniones...
Muchas opiniones.
Eso significa que el proyecto está vivo.
Porque cuando un proyecto no incomoda a nadie,
probablemente tampoco le importa a nadie.
También aprendimos algo más.
En el arte todos defendemos la libertad...
Hasta que la curaduría decide otra cosa.
Entonces descubrimos que la libertad siempre
parece una idea extraordinaria...
Mientras coincida con nuestras expectativas.
Y aquí quiero decir algo con absoluta
tranquilidad.
La última tarea no fue una lista de artistas
buenos y artistas malos.
No fue un podio.
No fue un examen final.
Fue una lectura posible.
Una cartografía.
Un intento —seguramente incompleto— de tomarle
el pulso a una comunidad artística que lleva décadas creciendo.
Porque el día que una bienal crea que logró
reunir todo el arte de una ciudad...
Habrá dejado de ser una bienal para convertirse
en un acto de vanidad.
Y si algún día la BEBA ya no logra contener a
todos los artistas que quieran participar...
Ese será un problema maravilloso.
Porque significará que el arte en esta ciudad
sigue creciendo.
Hoy no hemos venido a repartir medallas.
Ni a escribir una versión oficial de la
historia del arte santandereano.
Menos mal.
El arte siempre ha desconfiado de las versiones
oficiales.
Hemos venido a hacer algo mucho más sencillo.
Mirar.
Conversar.
Discrepar.
Descubrir.
Y permitir que las obras hagan el trabajo que
nosotros nunca podremos hacer desde un micrófono.
Ya hablamos suficiente.
Ahora nos corresponde hacer lo más difícil.
Mirar.
Y dejarnos mover por aquello que las obras
tengan para decirnos.
La BEBA comienza su recorrido.
Ojalá dentro de dos años volvamos a encontrarnos.


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